Decidir a solassale caro.
Contrasta tus decisiones con otros directivos, descubre lo que no estás viendo y actúa con mayor claridad.
La Mesa reúne a un grupo reducido de directivos que no trabajan para ti, no compiten contigo y no necesitan darte la razón. Nadie de esa mesa tiene nada en juego en lo que decidas, y por eso te dicen lo que ven.
No necesitas más opiniones. Necesitas mejor contraste.
Tu equipo tiene contexto, pero no siempre libertad para cuestionarte. Tu entorno tiene confianza, pero no siempre criterio. Y quien está por encima de ti tiene criterio, pero también te evalúa.
No es un problema de altura. Da igual que dirijas un equipo de seis o una organización de seiscientas: todos los que podrías preguntar tienen algo en juego en lo que decidas. Eso no es soledad, es falta de contraste.
Para eso existe la Mesa: un grupo estable de directivos que no te reportan, no te evalúan y no compiten contigo. Nadie de tu empresa, ningún competidor directo. La única gente que puede decirte lo que ve sin calcular qué le cuesta decírtelo.
Y no se trabajan casos de escuela: es tu equipo, tu reorganización, la persona a la que llevas meses sin decirle lo que hay que decirle. Traes una decisión y sales sabiendo qué vas a hacer con ella. A la vuelta, alguien te preguntará qué pasó.
Primero preguntamos. Después, si aporta, opinamos.
Noventa minutos con un método estricto. Presentas el caso y la mesa pregunta, cuestiona y abre perspectivas que no habías considerado. Aquí no gana quien habla más ni quien responde más rápido: casi siempre, al terminar la primera ronda de preguntas, el caso ya no es el que traías.

Expones
Pones encima un caso real, con nombres y con una decisión pendiente: la situación, el contexto y lo que tienes que resolver.
Contrastamos
Sólo preguntas, ningún consejo. Separan los hechos de las suposiciones, sacan lo que evitas y anticipan cada consecuencia.
Decides
La mesa no decide por ti. Te enseña lo que no estabas viendo, y decides tú, que eres quien va a responder de ello.
Actúas
Sales con un compromiso escrito, con fecha y con nombre. En la sesión siguiente, la mesa te pregunta qué hiciste.
No venimos a decirte qué hacer.
Venimos a evitar que decidas sin ver.
Trae una decisión real. No vienes a hablar de liderazgo.
Una buena mesa no te devuelve aprobación: te devuelve una imagen más completa de la situación y de tu manera de afrontarla. Es la única mesa que es un espejo. Esto es lo que se pone encima:
Una conversación que sigues aplazando
Sabes que tienes que tenerla y todavía no encuentras la manera de abrirla.
Una persona sobre la que tienes dudas
Incorporar, promocionar, recolocar o dejar marchar cuando ninguna opción es sencilla.
Un conflicto que empieza a crecer
Todavía cabe dentro de una conversación. Dentro de tres meses ya no cabrá.
Una decisión que no puedes compartir con tu equipo
Les afecta de lleno, así que no puedes pensarla en voz alta delante de ellos.
Dieciocho sesiones. No esperes a que el problema decida por ti.
Las mesas no van por promociones: van todo el año, dos veces al mes, de septiembre a agosto. El periodo se lee en tres Movimientos, cada uno con su tempo: se arranca rápido, se encuentra el ritmo y se termina hondo antes del verano. Puedes incorporarte en cualquier momento y traer aquello que más necesita tu atención. Cada sesión convierte una preocupación en un próximo paso.
Cada punto es una sesión de noventa minutos. Tu mesa fija su franja con su anfitrión y la mantiene todo el año. Diciembre, abril y agosto no son huecos de calendario: son los tres Interludios, y son parte del método. Tu mesa no cierra, sólo deja de reunirse: el grupo sigue vivo y su anfitrión también. Por eso la cuota los cubre. No hay meses vacíos.
El mes sin sesiones es el que fija lo aprendido.
Cada Movimiento termina con un mes sin sesión. Que no es un mes sin mesa: el grupo privado de la tuya sigue abierto, tu anfitrión dentro y los mismos ocho a doce sosteniéndolo. Lo que descansa es el calendario, no el vínculo. Y es cuando seis sesiones dejan de ser seis conversaciones sueltas: coges las seis actas del Movimiento y escribes tu cierre.
Ese cierre se guarda con las actas de tu mesa, y tu anfitrión lo lee antes de que vuelva a reunirse. Por eso el Movimiento no arranca en frío: arranca con una frase de cada uno. «En el Interludio capturé que…»
- ¿Qué decisión tomé que no habría tomado solo?
- ¿Qué caso de otro me cambió algo?
- ¿Qué me llevo sin resolver?
Entras cuando hay sitio
No hay fecha de matrícula ni lista de espera anual. Si una mesa tiene hueco y encajas, entras el mes que viene.
De ocho a doce
Ninguna arranca con menos de ocho ni crece por encima de doce. Por debajo no hay masa crítica; por encima, no hablan todos.
La mesa decide
Incorporar a alguien nuevo exige el acuerdo de la mayoría. Quien ya está dentro decide con quién se sienta.
Aquí no sale nada. Por eso aquí se puede hablar.
La confidencialidad no es una norma: es lo que permite poner encima lo que de verdad importa. Sin proteger tu cargo, sin defender tu imagen y sin tener que aparentar que ya conoces la respuesta. Sin ella gestionamos nuestra imagen, y quien gestiona su imagen presenta una versión editada del problema. Una versión editada sólo puede producir respuestas superficiales.
La grabación
Cada sesión se graba y vive en el espacio privado de tu mesa. No sale de ahí, ni siquiera al resto del Club: todos firmáis confidencialidad contractual antes de la primera sesión, y eso incluye la grabación.
Las actas
Una página por sesión: qué se puso encima y qué decidió cada uno. Queda para quienes estaban y para su anfitrión. No se publica ni se anonimiza, porque un caso sin nombre sigue siendo reconocible para quien estaba allí.
La Credencial Anual de Práctica
Lo único que viaja hacia fuera. Verificada en blockchain y publicable en LinkedIn y en el resto de plataformas, acredita práctica sostenida, no competencia, y caduca al terminar el periodo. Esa caducidad es la gracia: dice que practicas ahora, no que pasaste por aquí. Por eso es del periodo entero: cuatro meses no acreditan una práctica sostenida.
La Mesa no es para todos. Es para quien viene a dejarse cuestionar.
Aquí no importa parecer quien más sabe. Puedes pedir tu plaza y hablar antes de pagar nada, o reservarla directamente si ves claro tu encaje, pero las dos puertas pasan por lo mismo: una mesa funciona si todos encajan, y por eso quien ya está dentro decide. Hay conversación siempre, y a veces la respuesta es «este no es tu momento». Cuando esa es la respuesta, se devuelve el 100 % de lo abonado.
Solicitas o reservas
Dos maneras de empezar: pides tu plaza y hablamos antes de que pagues, o la reservas ya si ves claro tu encaje.
Conversamos
Treinta o cuarenta minutos con Pere Rosales, hayas reservado o no. Esa conversación es, de hecho, el primer acto del programa.
Encajas con una mesa
Buscamos hueco por peso de decisión, no por cargo. Nunca dos de la misma empresa ni competidores directos.
La mesa te acepta
Lo aprueba la mayoría de la mesa. Si ninguna tiene hueco, esperas: ninguna crece por encima de doce. Y si habías reservado y no hay encaje, se te devuelve todo.
La Mesa es para ti si…
- Diriges al menos un equipo y respondes de sus resultados.
- Tienes capacidad real de decisión sobre lo que traes: está en tu mano moverlo.
- Vienes con casos propios, y vienes a traerlos, no sólo a escuchar.
- Puedes cuestionar tus propias certezas en voz alta.
- Buscas criterio para decidir, no validación.
- Ofreces a los demás la misma honestidad que esperas recibir.
- Asumes la confidencialidad contractual desde la sesión inaugural.
- Aceptas que en cada mesa se sienta una sola persona por empresa.
No es para ti si…
- Vienes a buscar clientes, socios o contactos comerciales.
- Quieres una respuesta rápida y puntual, no un sitio al que volver.
- No puedes sostener dos sesiones al mes durante todo el periodo.
- Prefieres escuchar a un experto antes que trabajar tus propios casos.
- Necesitas poder contar fuera lo que se habla dentro.
- Lo que traes no depende de ti: no tienes margen para moverlo.
- Esperas que el anfitrión resuelva por ti: facilita, no dictamina.
- Vienes por la acreditación más que por las decisiones.
¿Y si no lo estás mirando para ti, sino para los tuyos?
Plazas para tu equipo directivo
Compras sitios y cada persona entra en una mesa distinta, nunca en la misma. Es deliberado: el valor está en sentarse con gente que no depende de ellos ni compite con ellos, y dos compañeros en la misma mesa lo anulan.
Una mesa dentro de tu organización
El método puertas adentro, con tu propio comité o tu capa directiva sentados juntos. Es otro formato y conviene decirlo claro: aquí sí coincidís, así que cambian las reglas de confidencialidad y el papel del anfitrión.
No lo compares con un curso. Compáralo con el coste de decidir en solitario.
Dieciocho sesiones al año para pensar mejor las decisiones que más importan. La comparación no es con una conferencia ni con una plataforma de contenidos. Es con esto:
Una incorporación equivocada
El coste directo, el tiempo del equipo y los meses que tardas en reconocer que no era.
Un conflicto sin resolver durante meses
Nadie lo nombra en el comité y todo el mundo aprende a trabajar rodeándolo.
Una decisión aplazada un año
El año que pierde la empresa mientras tú le sigues dando vueltas a solas.
Descubrir tarde lo que alguien podía haberte enseñado
Alguien de tu mesa ya pasó por ahí. La diferencia está en si te lo cuenta antes o después.
Una salida mal gestionada
Se va una persona y se queda el resto mirando cómo lo hiciste.
Un año entero en la estrategia que no era
El plan no falló solo: falló que nadie sin nada en juego te dijera lo que veía.
A veces una sola conversación cambia el resultado de un año entero.
Asegura tu sitio
2.970 €el periodo entero, + IVA y sin cuota de ingreso. De septiembre a agosto, con los tres Interludios dentro.
- Dieciocho sesiones al año en tu mesa
- Los tres Interludios, con tu cierre de Movimiento
- Anfitrión formado en el método
- Confidencialidad contractual
- Las actas y la Credencial Anual de Práctica
- El Programa 101, sin coste
- Todo lo que ya trae el Club
Ocho mesas y ninguna pasa de doce. Quien reserva ocupa el hueco que hay hoy; quien no, espera al siguiente.
Reserva tu sitioEmpieza por un Movimiento
990 €+ 297 € de ingresoun trimestre de sesiones y el Interludio que lo cierra. Un solo pago, + IVA.
- Seis sesiones en tu mesa
- El Interludio de cierre, con tu cierre escrito
- El mismo anfitrión y la misma mesa
- Confidencialidad contractual
- Las actas de tu Movimiento
- Todo lo que ya trae el Club
La Credencial Anual de Práctica y el Programa 101 no entran: son del periodo entero. Si renuevas, sigues al mismo precio y ya sin ingreso; sólo vuelve a pagarlo quien para y reaparece más adelante.
Reserva un MovimientoReservar no es saltarse la admisión: después de reservar siempre hay una llamada con Pere Rosales para confirmar el encaje. Si no lo hay, se devuelve el 100 % de lo abonado. Reservas para no arriesgar tu sitio en la mesa mientras lo piensas, no para adelantarte a nadie. ¿Prefieres hablar antes de pagar?
Solicita tu plaza →Tu cuota del periodo se descuenta del importe del MBA.
Lo que inviertes en la mesa no se pierde, se traslada: lo que llevas pagado del periodo en curso —el año entero o los Movimientos que hayas hecho— se descuenta del importe del MBA INUSUAL.
Conoce el MBA INUSUAL →Lo que se pregunta quien está a punto de decir que sí.
Sí, si diriges a alguien y respondes de lo que decides. La Mesa no filtra por altura en el organigrama, filtra por peso de decisión: qué tienes entre manos y cuánto margen tienes para moverlo. De hecho, quien dirige un área suele tener menos permiso que un director general para decir «no lo sé» en voz alta, y por eso le hace todavía más falta un sitio donde poder decirlo.
Depende de lo que valga tu próxima decisión difícil. Una contratación equivocada, una salida mal gestionada o un año perdido en una estrategia que no era cuestan mucho más que esto. Y el precio no compra contenido: compra que entre siete y once personas reserven hora y media dos veces al mes contando con que vas a estar.
Sí, y es la vía rápida si ya ves claro tu encaje: reservas, y la conversación con Pere Rosales viene después para confirmarlo. Nadie se salta esa llamada por haber pagado —la mesa sigue votando y sigue habiendo encaje que buscar—, así que lo único que cambia es el orden. Y si de esa conversación sale que este no es tu momento, se devuelve el 100 % de lo abonado. Reservar sirve para que tu sitio no se lo lleve otro mientras lo piensas, no para adelantarte a la admisión. Si prefieres hablar antes de pagar nada, solicita tu plaza y llegas al mismo sitio.
No. Puedes entrar por un Movimiento: 990 € más 297 € de cuota de ingreso, un solo pago, + IVA. Es un trimestre de sesiones —seis— y el Interludio que las cierra, que es justo donde seis conversaciones se convierten en criterio; por eso la unidad corta es el Movimiento y no «tres meses sueltos». Lo que no cambia es la admisión: tu mesa te acepta igual para un Movimiento que para el año, porque quien ya está sentado decide con quién se sienta y eso no depende de cuánto te quedes. Lo que sí cambia son dos cosas, y conviene saberlas antes: la Credencial Anual de Práctica y el Programa 101 son del periodo entero y no entran en un Movimiento suelto.
Porque entrar en una mesa cuesta lo mismo se quede uno cuatro meses o doce: hay una conversación de admisión, un encaje que buscar y una mesa que vota. Quien se compromete con el periodo entero absorbe ese trabajo con su cuota; quien entra por un Movimiento lo paga aparte. Y no vuelve a aparecer mientras encadenes Movimientos: renuevas a los mismos 990 €. Lo que sí la trae de vuelta es irse y reaparecer más adelante, porque entonces hay que rehacer el encaje y tu mesa vuelve a votar. Dicho de otro modo: la cuota de ingreso no cobra por entrar, cobra por entrar y salir.
Porque esos tres meses son los Interludios, y son parte del método, no un parón administrativo. Tu mesa no cierra: el grupo privado sigue abierto y tu anfitrión dentro, como el resto del año. Lo que no hay es sesión, y es a propósito: es cuando coges las actas del Movimiento que acaba y escribes tu cierre —qué decidiste que no habrías decidido solo, qué caso de otro te movió algo, qué te llevas sin resolver—. Tu anfitrión lo lee antes de que la mesa vuelva a reunirse. Sin ese mes, dieciocho sesiones se quedan en dieciocho conversaciones y no se convierten en criterio.
Son noventa minutos cada quince días, con las fechas publicadas con un año de antelación para que las bloquees de una vez. La pregunta honesta no es si tienes tiempo, sino cuánto tiempo te está costando ya decidir solo y equivocarte a solas. Y si el año te parece demasiado desde donde estás hoy, empieza por un Movimiento: son seis sesiones y su Interludio.
Porque en dos sesiones dejan de serlo, y porque no dependen de ti: nadie de la mesa te reporta, te factura ni aspira a tu puesto. Hay confidencialidad contractual desde el primer día y el acta no sale de la sala, ni siquiera anonimizada.
Con entre siete y once personas que dirigen y deciden con un peso parecido al tuyo, de sectores distintos. La composición no la marca el cargo —el mismo título no significa lo mismo en una empresa de veinte que en una de dos mil—, la marca la conversación de admisión. Lo que sí está garantizado es que en tu mesa no habrá nadie de tu empresa ni un competidor directo, y que la homogeneidad de sector no existe: es justo lo que hace que alguien vea lo que tú ya no ves.
La primera sesión se nota rápido. Si al terminarla ves que no es para ti, lo dices y se acabó: preferimos una mesa de ocho comprometidos que una de doce con dos que no querían estar. Y si el problema aparece a mitad de año, se habla con el anfitrión, que para eso está.
Con la Credencial Anual de Práctica, que acredita práctica sostenida y se renueva cada periodo. Va verificada en blockchain y se publica en LinkedIn y en el resto de plataformas, así que quien paga la comprueba sin pedirte nada. Es lo único que viaja hacia fuera, y es a propósito: las actas no salen de la mesa, ni siquiera para justificar una factura. Si quien paga necesita más, lo que se enseña es el calendario de sesiones y el compromiso de asistencia, nunca lo que se habló.
En que aquí no vienes a saber más: vienes a decidir mejor. No hay temario ni profesor delante. Hay una mesa de entre ocho y doce directivos, tus casos reales sobre la mesa y un compromiso que ejecutas entre sesión y sesión.
Un grupo de mentoring gira alrededor de quien sabe; una red de contactos, alrededor de quien vende. Aquí nadie de la mesa depende de ti ni te factura: por eso te dicen lo que ven, no lo que quieres oír.
No. Las mesas van todo el año y se entra cuando hay hueco: si una mesa tiene menos de doce personas y la mayoría aprueba tu incorporación, empiezas en la sesión siguiente. En diciembre, abril y agosto no hay sesión porque son los Interludios, pero la mesa sigue viva en su grupo.
Se avisa y se recupera con el anfitrión, pero conviene ser honesto: el valor está en la continuidad. Si no puedes sostener dieciocho sesiones en el año, quizá este no sea tu momento.
Un anfitrión o anfitriona formado en el método, con experiencia directiva propia. No es un moderador: es quien sostiene la regla, protege la confidencialidad y hace que nadie salga sin compromiso.
Se renueva o no. Quien no renueva no pierde el acceso a nada del Club: pierde la mesa y la credencial del año, que caduca a propósito porque acredita que practicas ahora. Si entraste por un Movimiento, la conversación es la misma y llega antes: sigues al mismo precio y sin volver a pagar el ingreso, o lo dejas. Si lo dejas y vuelves más adelante, el ingreso se paga otra vez.
Entrada abierta todo el año
¿Qué decisión no deberías
seguir tomando a solas?
Tráela a la Mesa. No necesitas tenerlo todo claro para solicitar una silla: precisamente para eso existe. La conversación previa son treinta o cuarenta minutos para ver qué traes, qué margen tienes y si este es tu momento. De ahí sale un sí, un no o un «vuelve el año que viene».



